{"id":11680,"date":"2015-11-09T12:08:20","date_gmt":"2015-11-09T12:08:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.clubedejornalistas.pt\/?p=11680"},"modified":"2015-11-09T12:15:34","modified_gmt":"2015-11-09T12:15:34","slug":"los-nuevos-estados-de-vigilancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.clubedejornalistas.pt\/?p=11680","title":{"rendered":"Os novos Estados de vigil\u00e2ncia"},"content":{"rendered":"<p>A ideia de um mundo colocado sob \u201cvigil\u00e2ncia total\u201d pareceu durante muito tempo um del\u00edrio ut\u00f3pico ou paran\u00f3ico, fruto da imagina\u00e7\u00e3o mais ou menos alucinada dos obcecados da conspira\u00e7\u00e3o. No entanto, h\u00e1 que reconhecer a evid\u00eancia: vivemos, aqui e agora, sob o olhar de uma esp\u00e9cie de imp\u00e9rio da vigil\u00e2ncia. Sem que o saibamos, cada vez mais nos observam, nos espiam, nos vigiam, nos controlam, nos ficham. Cada d\u00eda, novas tecnolog\u00edas se refinam no seguimento do nosso rasto. Empresas comerciais e ag\u00eancias publicit\u00e1rias registam a nossa vida. Mas, acima de tudo, com o pretexto de lutar contra o terrorismo ou contra outras pragas (pornograf\u00eda infantil, branqueamento de dinheiro, narcotr\u00e1fico), os governos \u2013incluindo os mais democr\u00e1ticos\u2013 arvoram-se em \u00a0<em>Big Brother<\/em>\u00a0e j\u00e1 n\u00e3o hesitam em infringir as suas pr\u00f3prias leis para melhor nos espiarem. Em segredo, os novos Estados orwellianos procuram\u00a0estabelecer ficheiros exaustivos dos nossos contactos e dos nossos dados pessoais tal como figuram em diferentes suportes electr\u00f3nicos. <em>(Ignacio Ramonet)<\/em><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Tras la ola de ataques terroristas que ha golpeado, desde hace algunos a\u00f1os, ciudades como Nueva York, Par\u00eds, Boston, Ottawa, Londres o Madrid, las autoridades no han dudado en utilizar el gran pavor de las sociedades conmocionadas para intensificar la vigilancia y para reducir m\u00e1s la protecci\u00f3n de nuestra vida privada.<br \/>\nEntend\u00e1monos: el problema no es la vigilancia en general, es la <em>vigilancia masiva clandestina<\/em>. Es evidente que, en un Estado democr\u00e1tico, las autoridades cuentan con toda la legitimidad, bas\u00e1ndose en la ley y con la autorizaci\u00f3n previa de un juez, para poner bajo vigilancia a cualquier persona que consideren sospechosa. Como dice Edward Snowden: \u201cNo hay ning\u00fan problema si se trata de poner bajo escucha a Osama Bin Laden. Siempre que los investigadores tengan que disponer del permiso de un juez \u2013un juez independiente, un juez aut\u00e9ntico, no un juez secreto\u2013, y puedan probar que existe una buena raz\u00f3n para emitir una orden, entonces pueden llevar a cabo ese trabajo. El problema se plantea cuando nos controlan a todos, en masa, todo el tiempo y sin ninguna justificaci\u00f3n\u201d (1).<br \/>\nCon ayuda de algoritmos cada vez m\u00e1s perfeccionados, miles de investigadores, de ingenieros, de matem\u00e1ticos, de estadistas y de inform\u00e1ticos buscan y clasifican la informaci\u00f3n que generamos sobre nosotros mismos. Sat\u00e9lites y drones de mirada penetrante nos siguen desde el espacio. En las terminales de los aeropuertos, esc\u00e1neres biom\u00e9tricos analizan nuestros andares, \u201cleen\u201d nuestro iris y nuestras huellas digitales. C\u00e1maras de infrarrojos miden nuestra temperatura. Las pupilas silenciosas de las c\u00e1maras de v\u00eddeo nos escrutan en las aceras de las ciudades o en los pasillos de los hipermercados. Tambi\u00e9n siguen nuestra pista en el trabajo, en las calles, en el autob\u00fas, en el banco, en el metro, en el estadio, en los aparcamientos, en los ascensores, en los centros comerciales, en las carreteras, en las estaciones, en los aeropuertos&#8230;<br \/>\nCabe se\u00f1alar que la inimaginable revoluci\u00f3n digital que vivimos, que ya ha transformado tantas actividades y profesiones, tambi\u00e9n ha trastornado totalmente el \u00e1mbito de los servicios de informaci\u00f3n y de la vigilancia. En la \u00e9poca de Internet, la vigilancia ha pasado a ser algo omnipresente y perfectamente inmaterial, imperceptible, \u201cindetectable\u201d, invisible. Adem\u00e1s, se caracteriza t\u00e9cnicamente por una simplicidad pasmosa. Se acabaron los trabajos de alba\u00f1iler\u00eda para instalar cables y micr\u00f3fonos, como en la c\u00e9lebre pel\u00edcula <em>La Conversaci\u00f3n<\/em> (2), donde pod\u00edamos ver c\u00f3mo un grupo de \u201cfontaneros\u201d presentaba, en un Feria consagrada a las t\u00e9cnicas de vigilancia, \u2018chivatos\u2019 m\u00e1s o menos elaborados equipados con cajas rebosantes de cables el\u00e9ctricos que hab\u00eda que esconder en los muros o en el suelo&#8230;<br \/>\nVarios estrepitosos esc\u00e1ndalos de esa \u00e9poca \u2013el caso Watergate en Estados Unidos, el de los \u201cfontaneros de Le Canard encha\u00een\u00e9\u201d en Francia\u2013, fracasos humillantes para las oficinas de los servicios de informaci\u00f3n, demostraron los l\u00edmites de estos antiguos m\u00e9todos mec\u00e1nicos, f\u00e1cilmente detectables y localizables.<\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda, poner a alguien bajo escucha ha pasado a ser algo de una facilidad desconcertante. Al alcance del primero que llega. Una persona normal y corriente que quiera espiar a alguien de su entorno puede encontrar en venta libre en el comercio un amplio abanico de opciones: nada menos que media docena de programas inform\u00e1ticos para espiar (mSpy, GsmSpy, FlexiSpy, Spyera, EasySpy) que \u201cleen\u201d sin problemas los contenidos de los tel\u00e9fonos m\u00f3viles: mensajes de texto, correos electr\u00f3nicos, cuentas en Facebook, Whatsapp, Twitter, etc. Con el auge del consumo en l\u00ednea, la vigilancia de tipo comercial tambi\u00e9n se ha desarrollado enormemente, dando lugar a un gigantesco mercado de nuestros datos personales, que se han convertido en mercanc\u00edas. Durante cada una de nuestras conexiones a una p\u00e1gina web, las cookies guardan el conjunto de las b\u00fasquedas realizadas y permiten establecer nuestro perfil de consumidor. En menos de veinte mil\u00e9simas de segundo, el editor de la p\u00e1gina visitada vende a los posibles anunciantes la informaci\u00f3n que nos concierne revelada por las cookies. Apenas unas mil\u00e9simas de segundo m\u00e1s tarde, la publicidad que se supone que causa m\u00e1s impacto en nosotros aparece en nuestra pantalla. Y as\u00ed quedamos ya fichados definitivamente.<br \/>\nDe alguna manera, la vigilancia se ha \u201cprivatizado\u201d y \u201cdemocratizado\u201d. Ya no es un asunto reservado s\u00f3lo a los servicios estatales de informaci\u00f3n. Pero, a la vez, la capacidad de los Estados en materia de espionaje masivo ha crecido de modo exponencial. Y esto tambi\u00e9n se debe a la estrecha complicidad entablada con las grandes empresas privadas que dominan las industrias de la inform\u00e1tica y de las telecomunicaciones. Julian Assange lo afirma: \u201cLas nuevas sociedades como Google, Apple, Amazon y, m\u00e1s recientemente, Facebook han tejido estrechos v\u00ednculos con el aparato de Estado en Washington, en particular con los responsables de Asuntos Exteriores\u201d (3). Este Complejo de la seguridad y de lo digital \u2013Estado + aparato militar de seguridad + industrias gigantes de la Web\u2013 constituye un aut\u00e9ntico imperio de la vigilancia cuyo objetivo, muy concreto y muy claro, es poner Internet, todo Internet y a todos los internautas bajo escucha. Para controlar la sociedad.<br \/>\nPara las generaciones de menos de cuarenta a\u00f1os, la Red es, simplemente, el ecosistema en el que han pulido su mente, su curiosidad, sus gustos y su personalidad. Desde su punto de vista, Internet no es s\u00f3lo una herramienta aut\u00f3noma que se utilizar\u00eda para tareas concretas. Es una inmensa esfera intelectual donde se aprende a explorar libremente todos los saberes. Y, de forma simult\u00e1nea, un \u00e1gora sin l\u00edmites, un foro donde las personas se re\u00fanen, dialogan, intercambian y adquieren, a menudo de forma compartida, una cultura, conocimientos, valores.<br \/>\nInternet representa, a ojos de estas nuevas generaciones, lo que era para sus mayores, de forma simult\u00e1nea, la escuela y la biblioteca, el arte y la enciclopedia, la polis y el templo, el mercado y la cooperativa, el estadio y el escenario, el viaje y los juegos, el circo y el burdel&#8230; Es tan fabuloso que \u201cel individuo, en su placer por evolucionar en un universo tecnol\u00f3gico, no se preocupa por saber, y menos a\u00fan por comprender, que las m\u00e1quinas gestionan su d\u00eda a d\u00eda. Que cada uno de sus actos y gestos es grabado, filtrado, analizado y, eventualmente, vigilado. Que, lejos de liberarlo de sus obst\u00e1culos f\u00edsicos, la inform\u00e1tica de la comunicaci\u00f3n constituye sin duda la herramienta de vigilancia y de control m\u00e1s incre\u00edble que el ser humano haya podido crear jam\u00e1s\u201d (4).<br \/>\nEste intento de control total de Internet representa un peligro in\u00e9dito para nuestras sociedades democr\u00e1ticas: \u201cPermitir la vigilancia de Internet \u2013afirma Glenn Greenwald, el periodista estadounidense que difundi\u00f3 las revelaciones de Edward Snowden\u2013 viene a ser lo mismo que someter a un control estatal exhaustivo pr\u00e1cticamente todas las formas de interacci\u00f3n humana, incluido el pensamiento propiamente dicho\u201d (5).<br \/>\n\u00c9sta es la gran diferencia con los sistemas de vigilancia que exist\u00edan antes. Sabemos, desde Michel Foucault, que la vigilancia ocupa una posici\u00f3n central en la organizaci\u00f3n de las sociedades modernas. \u00c9stas son \u201csociedades disciplinarias\u201d donde el poder, por medio de t\u00e9cnicas y de estrategias complejas de vigilancia, busca ejercer el mayor control social posible (6).<\/p>\n<p>Esta voluntad por parte del Estado de saberlo todo sobre los ciudadanos est\u00e1 legitimada pol\u00edticamente por la promesa de una mayor eficacia en la administraci\u00f3n burocr\u00e1tica de la sociedad. As\u00ed, el Estado afirma que ser\u00e1 m\u00e1s competitivo y, por lo tanto, servir\u00e1 mejor a los ciudadanos si los conoce mejor, de la forma m\u00e1s profunda posible. Sin embargo, al haber pasado a ser cada vez m\u00e1s invasiva, la intrusi\u00f3n del Estado ha terminado provocando, desde hace tiempo, un creciente rechazo entre los ciudadanos que aprecian el santuario de la vida privada. Desde 1835, Alexis de Tocqueville se\u00f1alaba ya que las democracias modernas de masas producen ciudadanos privados cuya principal preocupaci\u00f3n es la protecci\u00f3n de sus derechos. Y que esto hace que sean particularmente quisquillosos y belicosos contra las pretensiones intrusivas y abusivas del Estado (7).<br \/>\nEsta tradici\u00f3n se prolonga en la actualidad en la persona de los \u201clanzadores de alertas\u201d, como Julian Assange y Edward Snowden, ambos perseguidos ferozmente por Estados Unidos. Y, en defensa de ellos, el gran intelectual estadounidense Noam Chomsky afirma: \u201cPara estos \u2018lanzadores de alertas\u2019, su lucha por una informaci\u00f3n libre y transparente es una lucha casi natural. \u00bfTendr\u00e1n \u00e9xito? Depende de la gente. Si Snowden, Assange y otros hacen lo que hacen, lo hacen en su calidad de ciudadanos. Est\u00e1n ayudando al p\u00fablico a descubrir lo que hacen sus propios Gobiernos. \u00bfExiste acaso una tarea m\u00e1s noble para un ciudadano libre? Y se los castiga severamente. Si Washington pudiera echarles el guante, ser\u00eda peor a\u00fan. En Estados Unidos existe una ley de espionaje que data de la Primera Guerra Mundial; Obama la ha usado para evitar que la informaci\u00f3n difundida por Assange y Snowden llegue al p\u00fablico. El Gobierno va a intentarlo todo, incluso lo indecible, para protegerse de su \u2018enemigo principal\u2019. Y el \u2018enemigo principal\u2019 de cualquier Gobierno es su propia poblaci\u00f3n\u201d (8).<br \/>\nEn la era de Internet, el control del Estado alcanza dimensiones alucinantes, ya que, de una manera o de otra, como ya se ha dicho, confiamos a Internet nuestros pensamientos m\u00e1s personales e \u00edntimos, tanto profesionales como emocionales. As\u00ed, cuando el Estado, con ayuda de tecnolog\u00edas s\u00faper poderosas, decide pasar a escanear nuestro uso de Internet, no s\u00f3lo rebasa sus funciones, sino que, adem\u00e1s, profana nuestra intimidad, deshuesa literalmente nuestro esp\u00edritu y saquea el refugio de nuestra vida privada.<br \/>\nSin saberlo, a ojos de los nuevos \u201cEstados de vigilancia\u201d, nos convertimos en clones del h\u00e9roe de la pel\u00edcula <em>El Show de Truman<\/em> (9), expuestos en directo a la mirada de miles de c\u00e1maras y a la escucha de miles de micr\u00f3fonos que exponen nuestra vida privada a la curiosidad planetaria de los servicios de informaci\u00f3n.<br \/>\nA este respecto, Vince Cerf, uno de los inventores de la Web, considera que \u201cen la \u00e9poca de las tecnolog\u00edas digitales modernas, la vida privada es una anomal\u00eda&#8230;\u201d(10). Leonard Kleinroc, uno de los pioneros de Internet, es a\u00fan m\u00e1s pesimista: \u201cB\u00e1sicamente \u2013considera\u2013, nuestra vida privada se ha acabado y, por as\u00ed decirlo, es imposible recuperarla\u201d (11).<\/p>\n<p>Por una parte, muchos ciudadanos se resignan, como si de una especie de fatalidad de la \u00e9poca se tratara, al fin de nuestro derecho al anonimato. Por otra parte, esta preocupaci\u00f3n de defender nuestra vida privada puede parecer reaccionaria o \u201csospechosa\u201d porque s\u00f3lo aquellos que tienen algo que esconder intentan esquivar el control p\u00fablico. Por lo tanto, las personas que consideran que no tienen nada que reprocharse ni nada que ocultar, no son hostiles a la vigilancia del Estado. Sobre todo si \u00e9sta, tal y como lo prometen y lo repiten las autoridades, est\u00e1 acompa\u00f1ada por una ganancia sustancial en materia de seguridad. Sin embargo, este discurso \u2013\u201cDadme un poco de vuestra libertad, os la devuelvo centuplicada en garant\u00eda de seguridad.\u201d\u2013 es una estafa. La seguridad total no existe, no puede existir. Es un enga\u00f1o. Sin embargo, la \u201cvigilancia total\u201d se ha convertido en una realidad indiscutible.<br \/>\nContra la estafa de la seguridad, cantinela constante de todos los poderes, recordemos la l\u00facida advertencia lanzada por Benjamin Franklin, uno de los autores de la Constituci\u00f3n estadounidense: \u201cUn pueblo dispuesto a sacrificar un poco de libertad por un poco de seguridad no merece ni lo primero ni lo segundo. Y acaba perdiendo las dos\u201d.<br \/>\nUna sentencia de perfecta actualidad y que deber\u00eda animarnos a defender nuestro derecho a la vida privada, cuya principal funci\u00f3n no es otra que proteger nuestra intimidad. Jean-Jacques Rousseau, fil\u00f3sofo de la Ilustraci\u00f3n y primer pensador que \u201cdescubri\u00f3\u201d la intimidad, nos dio el ejemplo. \u00bfNo fue \u00e9l tambi\u00e9n el primero en rebelarse contra la sociedad de su tiempo y contra su voluntad inquisidora de querer controlar la conciencia de los individuos?<br \/>\n\u201cEl fin de la vida privada ser\u00eda una aut\u00e9ntica calamidad existencial\u201d, ha subrayado igualmente la fil\u00f3sofa contempor\u00e1nea Hanna Arendt en su libro La condici\u00f3n humana (12). Con una formidable clarividencia, en su obra se\u00f1ala los peligros para la democracia de una sociedad donde la distinci\u00f3n entre la vida privada y la vida p\u00fablica estar\u00eda establecida de forma insuficiente, lo que, seg\u00fan Arendt, significar\u00eda el fin del hombre libre. Y arrastrar\u00eda a nuestras sociedades, de manera implacable, hacia nuevas formas de totalitarismo.<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>(1) Katrina van den Heuvel et Stephen F. Cohen, ? \u201cEdward Snowden: A \u2018Nation\u2019 Interview\u201d,<em>The Nation<\/em>, Nueva York, 28 de octubre de 2014.<br \/>\n(2) <em>La Conversaci\u00f3n<\/em> (<em>The Conversation<\/em>), 1973. Direcci\u00f3n: Francis F. Coppola. Int\u00e9rpretes: Gene Hackman, John Cazale, Cindy Williams, Harrison Ford, Robert Duvall. Palma de Oro 1974 en el Festival de Cannes.<br \/>\n(3) Ignacio Ramonet, \u201cEntrevista a Julian Assange: \u2018Google nos esp\u00eda e informa al Gobierno de Estados Unidos\u2019\u201d, <em>Le Monde diplomatique en espa\u00f1ol<\/em>, diciembre de 2014.<br \/>\n(4) Jean Guisnel en su prefacio al libro de Reg Whitaker, Tous fliqu\u00e9s. La vie priv\u00e9e sous surveillance, Deno\u00ebl, Par\u00eds, 2001 (en espa\u00f1ol:<em> El fin de la privacidad. C\u00f3mo la vigilancia total se est\u00e1 convirtiendo en realidad<\/em>, Paid\u00f3s, Barcelona, 1999).<br \/>\n(5) Glenn Greenwald, <em>No place to hide. Edward Snowden, the NSA, and the US Surveillance Stat<\/em>e, Metropolitan Books, Nueva York, 2014.<br \/>\n(6) Michel Foucault, <em>Vigilar y castigar<\/em>, Biblioteca Nueva, Madrid, 2012.<br \/>\n(7) Alexis de Tocqueville, <em>La democracia en Am\u00e9rica<\/em>, Akal, Madrid, 2007.<br \/>\n(8) Ignacio Ramonet, <a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/notes\/saladeprensaorg\/los-nuevos-estados-de-vigilancia\/1027925823926430#\">\u201cEntrevista con Noam Chomsky: Contra el imperio de la vigilancia\u201d<\/a>,<em>Le Monde diplomatique en espa\u00f1ol<\/em>, abril de 2015.<br \/>\n(9) <em>El Show de Truman<\/em> (<em>The Truman Show<\/em>) (1998). Direcci\u00f3n: Peter Weir. Int\u00e9rpretes: Jim Carrey, Ed Harris.<br \/>\n(10) <em>Marianne<\/em>, Par\u00eds, 10 de abril de 2015.<br \/>\n(11) <em>El Pa\u00eds<\/em>, Madrid, 13 de enero de 2015.<br \/>\n(12) Hanna Arendt, <em>La condici\u00f3n humana<\/em>, Paid\u00f3s, Barcelona, 2005.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p><em>Ignacio Ramonet &#8211; &#8220;Le Monde Diplomatique&#8221; outubro 2015<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A ideia de um mundo colocado sob \u201cvigil\u00e2ncia total\u201d pareceu durante muito tempo um del\u00edrio ut\u00f3pico ou paran\u00f3ico, fruto da imagina\u00e7\u00e3o mais ou menos alucinada dos obcecados da conspira\u00e7\u00e3o. No entanto, h\u00e1 que reconhecer a evid\u00eancia: vivemos, aqui e agora, sob o olhar de uma esp\u00e9cie de imp\u00e9rio da vigil\u00e2ncia. 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